La
meditación es una actitud ante la vida que Muhadin Kishev transforma de
manera voluntaria en un engranaje específico, en el que la forma de la
espiral requiere su atención, como símbolo de la transformación
de la materia, pero también lo emplea como expresión de sus anhelos
renovadores de su propia actitud vital. La espiral exhibida en cuadrado, formada
por una suma de rectángulos, unos en recto y otros en forma de ele.
Sus
monotipos, titulados Meditación I y Meditación
II, ambos del año 1997, constituyen dos aproximaciones distintas
a un mismo fin.
Hay un objetivo que es la búsqueda y
el encuentro de la luz espiritual. Una luz que surge del fondo de los corazones,
que se expande de manera continuada, elegante, precisa, pero distinta en cada
caso. El creador ruso alcanza un cierto estatus de hombre artista partidario de
la serenidad del alma, que vislumbra el túnel y la luz, que se estructura
en base a la materia como elemento de contención.
Pero,
también está la energía, una energía que no tiene
límites y ésta es la que surge del interior de cada uno. De ahí
que la meditación sea energía, capacidad de concentrar el poder
de lo sublime en lo energético y viajar a través de los cristales
de la habitación personal de los diferentes mundos en los que nos encontramos.
Y la síntesis de esta capacidad de meditar el creador ruso la vehicula
a partir de una composición geométrica, que es estructura, que constituye
la base de la transformación.
Joan
Lluís Montané
Crítico de la Asociación
Internacional
de Críticos de Arte