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El Bosco: un angustiado visionario.
Texto de
Carlos Yusti (Chile) en exclusiva para Stylusart.
La pintura de Hieronymus Bosch, llamado El Bosco, es una puerta de acceso a
un universo de imágenes inquietantes, absurdas, fantásticas y que presagian
un futuro recargado e inverosímil. También le permite al espectador
formularse una idea sobre la mentalidad de una etapa crucial de la
humanidad como lo fue la Edad Media.
Los detalles sobre su vida no son abundantes y los pocos datos que existen
están llenos de inexactitudes. Su nombre completo era Jhéronimo van Aken,
oriundo de Hertorgenbosch. Al parecer realizó un viaje a España y
perteneció a la Cofradía de Nuestra Señora. Estaba casado con Aleyt, hija
de Goyart van den Mervenne, influyente comerciante y religioso fanático. |

Hieronymus Bosch.
Jardín de las Delicias. Panel central.
c 1504-1510.
Óleo sobre plancha de madera.
Museo del Prado, Madrid, España.
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Hieronymus Bosch.
Ecce Homo.
1485-1490.
Óleo sobre plancha de madera.
Museo de Arte de Filadelfia, Filadelfia. USA.
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Para la época en la que el Bosco entra en escena como pintor, esa pastosa y
subrayada parafernalia religiosa que caracterizó a la Edad Media, se
encuentra en franco deterioro. De repente la gente se apartó de los
preceptos religiosos debido a que la iglesia se había convertido en un
antro burocrático de corruptela y desafuero.
No fue casualidad que las licencias en las costumbres se desatara. Los burgueses pagaban buen dinero para verse libre de pecados, mientras los más pobres y vulnerables se entregaban con fruición a los juegos de azar, la prostitución y el vicio
adquirieron visos de una perturbación incontrolable. A toda esta bancarrota
moral habría que sumarle el desgaste de la simbología mística que ya no
asustaba con sus infiernos y demonio ni a los niños.
El Bosco estuvo en medio de todo esta convulsionado cambio. No sólo sus creencias religiosas cambiaron, sino que todo su esquema mental estético
dio un sorprendente salto atrás. Con radical espíritu visionario recicla en
su pintura algunos símbolos medievales. Les imprime su angustia presente y
su afiebrada imaginación.
En sus obras de juventud ya había empezado a pintar ese mundo desgarrado de transición que de alguna manera naufragaba por carecer de honestos soportes éticos y religiosos. La tontería, la frivolidad y la superficialidad parecen infectarlo todo como una pandemia peor que la peste.
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Cuando no son los tontos el motivo de sus cuadros, son los locos. Su cuadro
"La Nave de los locos" es una sátira abierta a toda esa locura colectiva en
el que irremediablemente ha caído el mundo. Para pintarlo, sin duda, debió
tener como referencia inmediata el libro "Stultifera Navícola" (La Nave de
los locos) de Brandt. Con este cuadro el Bosco desenmascara con sutileza la
herejía: los hombres perdidos en el laberinto de sus obsesiones y deseos
olvidan la lucidez del espíritu, quienes cantando, bebiendo, parecen
navegar sin rumbo en un perenne mar de perdición irremediable.
A través de su trabajo pictórico el Bosco ofrece pruebas de su enorme
curiosidad y de su rica capacidad imaginativa. Estuvo interesado por la
alquimia en su afán por lo misterioso. Se interesó por la botánica y la
zoología, tanto mística como de otras zonas geográficas apenas conocidas
para ese entonces. Sus máquinas infernales lo evidencian como un
constructor creativo y lleno de ingenio. En algunos de sus cuadros
encontrará campanas submarinas, lanchas y una gran variedad de adminículos
futuristas y extravagantes.
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Hieronymus Bosch. Hayain.
1485-1490.
Panel central del tríptico.
Óleo sobre plancha de madera.
Museo del Prado, Madrid, España.
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Hieronymus Bosch.
El Juicio Final.
Panel central del tríptico.
1500s.
Óleo sobre plancha de madera.
Akademie der bilenden Kunste, Vienna, Austria.
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Otro de sus cuadros "El jardín de las delicias", de seguro el más
publicitado, es similar en su intención moralizadora: los placeres
terrenales pierden a la humanidad. El jardín desborda los parámetros de la
imaginación y lo fantástico. En el cuadro lo humano, con su grandeza y su
miseria, queda excelentemente retratado.
Esta evocación, más de piel que de crítica, sobre el Bosco puede resultar
extemporánea en esta era teleinformática. Sin embargo, responde un poco a
los paradigmas de nuestro mundo actual, que parece abocado a una involución
espiritual, convirtiendo la angustia del vacío y del todo vale en
propuestas existenciales.
Poco a poco vamos como confeccionando un inmenso jardín de delicias virtuales: la peste negra la hemos sustituido por el SIDA, los demonios de la publicidad que nos conducen a placeres consumistas, nada tienen que envidiarle a esas criaturas de averno
imaginadas por el Bosco; los charlatanes de la política y de las iglesias
más absurdas proliferan como la hierba y hacen su agosto con una buena
cantidad de incautos que buscan certezas y una vida sin sobresaltos. El
fanatismo cambia de ropaje y vuelve por sus fueros. En fin que este mundo
actual y digitalizado parece producto de una pincelada del Bosco, claro,
con menos metáfora y sin ningún grandilocuente toque de belleza y
exquisitez.
Carlos Yusti ( Chile)
carlosyusti@cantv.net
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