Felipe
Alarcón bucea en su mente para extraer sus personajes. Mundo del subconsciente,
fantasmas que pululan por distintas dimensiones.
Caras, alegorías,
seres que se entrecruzan.
Verter en la memoria frágil
las gotas del veneno oculto para transformar la fórmula química
en la pléyade de sueños. Personajes que se nutren de otros. Conjunto
de caras, de ojos que miran y son mirados. Predominio del dibujo, color acompañando
la contestación de lo evidente. Color en el enigma de la transparencia.
Dibujo centrado en la composición. Mundos y submundos
en el otro mundo del artista.
La mente se expresa con claridad,
dejando resbalar los recuerdos. La idea de libertad acompaña la visión
de un emblema.
Hay mucho poder encerrado en el símbolo
de lo surreal para luego expresar su condescendencia.
Sendas
prefijadas que luchan con el concepto de libertad. Superposiciones cromáticas,
transparencias, idea de estructuración planeando, pero, finalmente, se
impone la libertad de ejecución.
Volatilidad de los elementos,
expresividad de los rasgos, tendencia a la abstracción manteniendo la evocación
onírica. Mundo lleno de signos, técnica mixta y óleo sobre
tela que diluyen la masa central; que intensifican su apuesta por una idea central
de elaboración.
Al final, en el recodo del enigma, establece
progresiones, interpreta sones, consolida músicas, donde el dibujo elucubra
con las voluptuosas formas o las inocentes miradas.
De la técnica
mixta expresionista a la simbología del óleo y la catarsis surreal
contenida en sus series de dibujos basadas en lo complejo de las diferentes existencias.
Ante todo el concepto de libertad, que se inicia en sí
mismo, se extiende a partir de sus personajes y termina donde acaban éstos.
Joan
Lluís Montané
De la Asociación Internacional
de Críticos de Arte