Mark Rothko

 

 

 

La exposición que el Museo Guggenheim de Bilbao presentará a partir del próximo mes de junio recorre la obra del que llegaría a convertirse en uno de los grandes pioneros del arte de la posguerra, concretamente en una de las figuras más destacadas del expresionismo abstracto americano.


Dividida en tres salas o “capillas de meditación“ según el término que acuñaría el propio Rothko, la exposición presenta obras de los años cuarenta que evidencian la influencia del expresionismo y el surrealismo, pinturas de los años cincuenta que atestiguan un estilo maduro caracterizado por grandes espacios rectangulares de color de bordes difusos, y cuadros de los años sesenta en los que los grandes planos rectangulares, hasta entonces de vivos colores, tienden a convertirse en grises y negros, reflejo el estado emocional del artista.


En las obras de Rothko, grandes manchas de color de forma irregular y contornos imprecisos, parecen flotar en un espacio apenas poco profundo. Poco a poco, estas manchas van simplificándose y ordenándose; y, desde 1949, el artista prácticamente utiliza sólo uno o varios rectángulos de color que permanecen sobre un fondo igualmente coloreado. Los contornos de estos rectángulos son siempre vagos, brumosos, y la pintura está aplicada de manera irregular pero con una lírica sutileza, En la obra de Rothko, el gesto no responde a una pulsión de descarga, como en Pollock, Kooning o Kline, sino a la acumulación progresiva de la experiencia a lo largo del acto de pintar

 

 

 

 

 

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Sin título, 1950.


Sin título, 1969-70.


Sin título, 1961.


Sin título, 1949.


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