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Roy
Lichtenstein (Nueva York, 1923-1997), junto con Andy
Warhol, fue el representante más destacado
del arte pop, un arte que cautivó la escena
artística norteamericana a comienzos de los
sesenta y que en cierta medida nació como reacción
contra el expresionismo abstracto, siguiendo la trayectoria
de artistas como Robert Rauschenberg y Jasper Johns.
Cuando preguntaron a Lichtenstein por qué pintaba
cuadros de cuadros, contestó que esto es lo
que han hecho siempre los pintores de alguna manera.
Cuando en el pasado el pintor se sentaba frente a
su modelo y la pintaba, aspiraba a transformarla en
un cuadro. Pero lo más importante, según
Lichtenstein, no era la modelo, sino el cuadro. Un
buen artista quiere pintar un buen cuadro y, de hecho,
esa es la razón por la que se conforma con
su modelo como punto de partida.
Lichtenstein
dirigió su mirada en dos direcciones: el ingente
archivo de pinturas de la historia del arte y el banco
descontroladamente creciente de imágenes pertenecientes
a la cultura contemporánea norteamericana.
Según afirmaba el pintor, las imágenes
de la historia del arte sobresalen con tal fuerza
que han dejado una impronta en nuestras mentes a modo
de logotipos artísticos.
Lichtenstein
también descubrió rápidamente
el poder que ejercen las imágenes de la cultura
popular, ya se trate de la simple representación
de un objeto -una cocina, unas zapatillas de deporte,
un perrito caliente o cualquier otro producto cotidiano
inanimado- o de una representación más
ingeniosa, sentimentalmente hablando, y melodramática
de los sentimientos y los conflictos, dentro de cuya
categoría sobresalen las viñetas de
cómic. En ambos casos Lichtenstein buscaba
lo mismo: una imagen clara y potente que la gente
pudiera reconocer inmediatamente. Y sin lugar a dudas
sus cuadros son así, agudos, precisos, potentes
en cuanto a color y superficie. En ellos no hay lugar
para la turbidez pictórica, no encontramos
«luces nórdicas» o crepúsculos
románticos, pinceladas o brochazos, no hay
rastro del alma escéptica del pintor, de su
mano temblorosa o su gesto extasiado. Por el contrario,
el universo de Lichtenstein es más bien frío
y mecánico, su habilidad artística se
basa en el talento gráfico y la fuerza compositiva.
Lichtenstein
quería señalar la importancia que reviste
para el hombre moderno el poder distinguir entre las
imágenes y la realidad. Si empezamos a identificarnos
con todas las imágenes que están en
circulación, acabaremos por desconectarnos
de la realidad, diría el pintor. Por ello Lichtenstein
continúa pintando la realidad de manera que
parezca artificial, ya que solo así aprenderemos
a reconocer un modelo al verlo.
El hecho de que la exposición presente una
dimensión retrospectiva de su obra -desde 1961
hasta 1997, año de su fallecimiento- se debe
a que Lichtenstein nunca abandonó su interés
por el papel central que desempeña la imagen
en nuestra cultura.
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Ohhh...Alright.., 1964.

Reflections: Art, 1988.

Still Life with Glass and Peeled Lemon 1972.
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