Humor,
ironía, sátira y tópicos son los ingredientes principales
presentes en Bon Voyage. En la exposición, Jonathan Hernández (Ciudad
de México, 1972) pone en tela de juicio la conversión del
hecho turístico en un fenómeno de masas, en un proceso mercantil
de compra y venta de experiencias documentadas por abundante material gráfico
como son fotos, postales y vídeos domésticos que atestiguan que
uno estuvo allí.
En Bon Voyage, Hernández
recrea toda una simbología propia para construir una parodia sobre el turismo
y sus implicaciones culturales, políticas y sociales. Césped sintético,
palmeras falsas, plantas artificiales, sombrillas, tumbonas, postales, vídeos,
y, sobre todo, fotografías son algunos de los elementos de los que el artista
se vale para construir una isla turística que evoca la naturaleza
controlada y artificial en oferta dentro de los paquetes turísticos de
sol y playa.
Destaca en la instalación el guiño
realizado por Jonathan Hernández al llamado turismo cultural,
al incluir, rodeado por una estructura que recuerda a un burladero, un automóvil
marca Citröen Xsara Picasso. Tal y como afirma Issa Mª Benítez
en el catálogo de la exposición: La relación entre
el turismo y el arte es de una intimidad pasmosa: la Mona Lisa es tanto un hito
turístico como lo es la Torre Eiffel (
)
Bon Voyage es
el resultado de un trabajo de investigación que Jonathan Hernández
comenzó con el proyecto Conozca México (2000) y continuó
con No Turisme (2001) y Travelling Without Moving (2002) experiencia esta última
desarrollada en un aeropuerto, en donde los espectadores eran los viajeros protagonistas
de la propia obra.
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Jonathan Hernández.

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Hernández.
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