El
objetivo de la exposición que presenta el IVAM es y volver a mirar a Bacon
centrándose únicamente en un solo tema que obsesionó al artista
durante más de veinte años: las imágenes del Papa.
Juntando toda la serie de pinturas y volviéndolas a situar en el contexto
en que fueron creadas, haciendo más evidente el nivel de ambición,
riesgo, intuición, impulso inconsciente y desespero que condujo al relativamente
joven y desconocido Francis Bacon a realizar este ataque sin precedentes contra
uno de los grandes íconos del arte y la civilización occidentales. Para
Bacon, la imagen papal presentaba una serie de posibilidades casi infinitas para
la asociación y la metamorfosis. Su gran ambición como artista era
crear imágenes que pudieran despertar secuencias de otras imágenes
aparentemente sin relación con ellas, abriendo así lo que a él
le gustaba llamar las válvulas de la imaginación.
Al
pasar de una versión del Papa a otra, Bacon daba rienda suelta al impulso
libre, permitiendo que el gran pozo de imágenes que había
en su interior saliera a la superficie en la obra que estaba haciendo y sugiriera
nuevas formas cambiando constantemente sus implicaciones.
Estudiar la secuencia
entera de los papas, pintada cuando el artista estaba en la cúspide de
sus capacidades, es viajar hasta el mismo corazón del extraordinario logro
de Bacon. Bacon
había estado obsesionado por el poderío y la belleza del Retrato
de Inocencio X de Velázquez durante años antes de pintar Head VI
(Cabeza VI), su primera versión reconocible del cuadro, en 1949.
Consideraba
el retrato del maestro español una de las más grandes imágenes
del arte occidental, y, según sus propias palabras, se había obsesionado
con ella.
Reproducciones de la famosa pintura, en su mayoría en blanco
y negro, colgaban de las paredes de su estudio o se esparcían en el caos
de fotografías y materiales artísticos que cubría todo el
suelo.
En un momento dado, Bacon comparó su fascinación por esta
imagen en concreto con un enamoramiento esa especie de adoración
semierótica del héroe que un jovencito puede desarrollar hacia un
alumno mayor y más importante de la escuela. Este
curioso idilio dominó la vida de Bacon como pintor durante más de
veinte años, desde 1949 hasta principios de los 70; y hasta 1971, cuando
completó una segunda versión de Study for Red Pope (Estudio para
Papa rojo), no superaría su obsesión con el retrato de Velázquez
y lograría abandonarla.
En aquel momento, Bacon había llevado a
cabo unas cuarenta paráfrasis de la obra maestra española (o un
número considerablemente mayor, si se tienen en cuenta las numerosas versiones
que el artista abandonó o destruyó). ¿Por qué el motivo
del Papa cautivaba tanto a Bacon, provocando que hiciera más
variaciones sobre este tema que sobre cualquier otro durante toda su carrera?
¿Por qué razón, de los miles de fotografías y reproducciones
que había en el caos de su estudio, volvía una y otra vez sobre
ese único retrato de Velázquez? ¿Qué
otras influencias dieron forma a esta secuencia de imágenes extraordinariamente
potente? Y, sobre todo, ¿por qué el ateo militante y declarado que
era Bacon se aferró con tal tenacidad a una imagen de tipo religioso? Éstas
son algunas de las preguntas que el IVAM analiza en profundidad al presentar juntas
por primera vez las cuarenta variaciones sobre el tema del Papa que Bacon pintó
entre 1949 y 1971.
Y
tu ¿que opinas?
Manda
tu opinión al foro |

Fragment
of a crucifixion, 1950.

Pope II, 1951.

Study for pope III, 1961. 
Study
for Pope IV, 1961.
|