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La
exposición se centra en el análisis
de la obra de Paul Gauguin y su relación con
otros artistas: sus maestros, como Pissarro, Cézanne
o Degas, sus coetáneos, principalmente Van
Gogh, y otros artistas que muestran su influencia,
como Bonnard, Vuillard o Picasso, durante el periodo
comprendido entre 1884 y 1891.
Durante esta época Gauguin pasó de ser
un impresionista secundario a convertirse en cabeza
de fila del movimiento simbolista. El esfuerzo por
superar el impresionismo le llevó a poner en
cuestión toda la tradición naturalista
del arte europeo desde el Renacimiento. Uno tras otro,
sacrificaría todos los recursos descriptivos
de la pintura (perspectiva, sombras, claroscuro, tono
local), en aras del valor puro de la línea
y el color sobre el plano.
La exposición sigue este proceso a través
de un total de 186 obras distribuidas en nueve capítulos:
los seis primeros, expuestos en el Museo Thyssen-Bornemisza,
están consagrados a la evolución de
la obra del artista entre 1884 y 1891; los tres siguientes,
en la Fundación Caja Madrid, están dedicados
a la influencia de Gauguin en los artistas de Pont-Aven
y del círculo de los Nabis, además de
una sala dedicada al Sintetismo en España.
Museo Thyseen-Bornemisza son:
1. El círculo de Pissarro. de quien
Gaguin asimiló una interpretación del
impresionismo en clave pastoral, escenas campesinas
imbuidas del sueño de una humanidad reconciliada
con la naturaleza.
2. Paisaje y arabesco. De Cézanne a
Martinica: Figuras y paisaje se integran, el arabesco
lineal de los caminos y de las ramas de los árboles,
con sus curvas sinuosas, delatan un proceso más
profundo de feminización y erotización
del paisaje.
3. Degas, el desnudo y la danza: De quien Gauguin
asimila la concepción de la figura en movimiento
y sus recursos para crear un espacio pictórico
complejo y sobre todo el motivo de la danza como modelo
de composición rítmica.
4. La visión. Del Cloisonismo al Sintetismo:
El Cloisonnismo le permitió un nueva organización
de la superficie pictórica mediante áreas
de color planas y un dibujo simplificado.
5. Eva y los dioses: La mujer, protagonista
absoluta de la obra de Gauguin, cobra un papel singular
en las visiones y símbolos de lo sobrenatural.
Si el mundo masculino aparece como escenario de la
hegemonía de la razón positivista, en
el ámbito femenino se revela el poder irracional
de lo sagrado.
6. Suite Volpini: Las zincografías (técnica
de grabado en plancha de zinc) de la Suite Volpini
(1889), fueron una especie de manifiesto público
donde el artista recapitula las que considera sus
composiciones más originales (danzas de bretonas,
pastorales de Martinica, mujeres de Arles...).
Fundación Caja Madrid
7. La estela de Gauguin: de Pont-Aven a los
Nabis: Si en sus pinturas de pequeño formato
los Nabis, incitados por el ejemplo de Gauguin, centraron
sus experimentos en los juegos de manchas y de texturas,
en los conjuntos decorativos pintados por Bonnard
y Vuillard, Sérusier y Maurice Denis, el protagonista
es el dibujo, la línea floral del arabesco
que delimita grandes superficies de color plano.
8. La obra gráfica de los Nabis: En
sus litografías y grabados en madera, los Nabis,
no sólo realizaron brillantes ejercicios pictóricos
abstractos, sino que iluminan el contexto
mundano y literario con sus frecuentes referencias
al círculo de la Revue blanche y al teatro
de vanguardia en el París de fin de siglo.
9. Paco Durrio, Picasso y el Sintetismo en España:
A partir de 1900 la impronta de Gauguin se deja sentir
en algunos artistas españoles que trabajan
en París, ante todo, Picasso. Hasta la difusión
del cubismo, el sintetismo gauguiniano fue, para los
artistas españoles más avanzados, la
clave para descifrar todo el postimpresionismo francés,
incluida la obra de Cézanne.
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Autorretrato
en Lezaven, 1888.

Cristo
en el huerto de los olivos, 1889.

Mujer con cofia, 1901.

Visión
del sermón (La vision du sermon), 1888.
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