La
exposición que el Museo Reina Sofía ha organizado en torno a la obra de
Hannah Höch (Gotha 1989-Berlín 1978) trata de resaltar las distintas
calidades y valores de sus trabajos, enfatizando cómo la creación
de pinturas y dibujos se produjo a la par que los fotomontajes por los que muy
conocida. Consta de una selección de más de cien obras
mediante las cuales se incide en el carácter multidisciplinar de la artista,
en la permanencia de determinados temas y en la aparición de nuevas inquietudes.
Estamos
ante la obra de una artista en la que se resumen algunas de las claves del siglo
XX, a saber, el afán de experimentación y de uso de nuevas técnicas,
la imparable incorporación de la mujer en la sociedad occidental, la constatación
del horror y la violencia que conllevan las políticas de exclusión
racial, en particular el nazismo, la necesidad de buscar en la soledad una válvula
de escape y también de potenciación de la creatividad, sin que ello
suponga desentenderse de las realidades humanas. Todos estos elementos, y otros,
confluyen sus pinturas, dibujos, fotografías y fotomontajes.
Pionera
del fotomontaje, esta artista alemana en opinión del comisario, Juan
Vicente Aliaga- ha quedado relegada en la historia del arte a un segundo plano,
del que se han beneficiado otros creadores más conocidos del período
de entreguerras, verbigracia George Grosz, John Heartfield, Raoul Hausmann.
Höch desarrolló una importante labor dentro de las filas dadaístas.
A través de sus obras proponía una nueva imagen de la mujer alemana.
Asimismo muestra, de forma fragmentaria y sutil, los cambios que ha experimentado
la mujer que se quiere moderna, y que se implica en la lucha social a la par que
se incorpora al campo laboral. En su obra se interesa por la androginia y representa
el amor lésbico.
La perspectiva desde la que se situó Hannah
Höch está plagada de ironía y de sentido del humor apunta
el comisario- huyendo de lo panfletario y de las visiones unilaterales y sectarias.
Se percibe en su tratamiento de imágenes procedentes de la política
alemana, de los movimientos sociales y también en las de temática
etnográfica.
Sumida en la introversión, pero de alguna manera
activa, durante los años del nazismo, al término de la segunda guerra
mundial, Höch siguió explorando una estética que ha hecho del
fragmento, de la dispersión y de la interpenetración de imagen fotográfica
y texto, a través del uso del collage, su centro de atención. Para
ello incorporó en los años sesenta los contenidos de la revista
Life, zambulléndose a la vez en las maravillas y retos que ofrecían
los cosmonautas, pero sin olvidar anteriores intereses y preocupaciones, en particular
los relativos a la presencia de la mujer como sujeto autónomo.
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Die
Geburt (El Nacimiento), 1924.

Die Journalisten (Los
periodistas), 1925.

Liebe (Amor), 1931.

Grotesk (Grotesco), 1963.
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