Jean Dubuffet. Huella de una aventura

 

 

“La gran misión del arte es romper el hábito de la mente de diferenciar entre los dos registros que inhiben y extinguen el libre juego del pensamiento. Una vez derribada esta barrera, la mente recupera su fuerza y su impulso creativo. Ésta es la función de la obra de arte, su razón de ser”.
Jean Dubuffet

 

Jean Dubuffet prosigue el repaso histórico que el Museo Guggenheim Bilbao nos propone al mostrar de forma cronológica los fondos de arte del siglo XX pertenecientes a su Colección Permanente. Este recorrido histórico se inició en 2001 con la muestra Selecciones de la Colección Thannhauser, que reunía obras maestras del impresionismo, postimpresionismo y las primeras vanguardias.


A través de aproximadamente 160 pinturas, esculturas, obras sobre papel, recortables, móviles, trajes de teatro y grabados, Jean Dubuffet. Huella de una aventura presenta la variada producción de este artista y analiza sus complejas investigaciones artísticas más allá de las normas convencionales del mundo del arte. La exposición proporciona una imagen general de las experimentaciones de Dubuffet con diversas técnicas y refleja su prodigiosa capacidad de creación.


Él mismo calificaba su estilo pictórico como Art Brut, contrario a todo lo que cabía esperar de un pintor de la tradición artística francesa y planteaba un radical desafío a los valores estéticos establecidos. Inspirado en el graffiti y en el arte espontáneo de autores autodidactas, Dubuffet insistía en que su trabajo cuestionaba la engañosa noción de la belleza "heredada de los griegos y fomentada por las portadas de las revistas". Además de su devoción por el arte de las culturas "primitivas" y por el de los artistas sin formación, Dubuffet estaba también enormemente interesado en una dispar gama de objetos y de materiales encontrados. En su intento por rehabilitar valores y materiales despreciados por la concepción estética occidental de aquel momento, lo que más interesaba a Dubuffet era la energía desatada, espontánea y sincera y con ello el espíritu de insubordinación y desafío.


La afirmación del artista “El arte habla a la mente, no a los ojos”, podría ser el lema de esta exposición, que sigue la progresión de la obra de Dubuffet a medida que evoluciona a través de tres fases diferenciadas: sus exploraciones táctiles de los años cuarenta, que incorporan materiales que entonces eran ajenos al arte; L’Hourloupe, un ciclo de obras sistematizadas de los años sesenta y setenta; y sus obras tardías y más gestuales, de los años ochenta.

 

 

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Autoportrait II, 1966.

 


Hommes et arbres sonnabuliques, 1945.

 

 


Châtaine aux hautes chairs, 1951.


 



Coucou Bazar en Turín , 1978.


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