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A
partir de 1929, el surrealismo plástico se
difunde intensamente en el contexto peninsular, hasta
el punto de convertirse en una de las líneas
prioritarias de la vanguardia artística hasta
la guerra civil. Aunque fueron muchos los referentes
que orientaron las diversas direcciones del surrealismo
español, las formas dalinianas desempeñaron
un protagonismo indiscutible. Unas veces estas formas
fueron asumidas con el carácter de verdaderas
citas literales, otras funcionaron como término
poético de una intensa dialéctica creativa.
En cualquier caso, demostraron una vivísima
presencia en una gran parte de las manifestaciones
del arte peninsular, tanto en el ámbito catalán
como en el aragonés, el tinerfeño o
en importantes aspectos de esa "poética
de Vallecas" que alcanzó gran difusión
por toda la geografía peninsular durante los
años treinta.
La presente muestra quiere reconstruir el mosaico
que forman estas "huellas dalinianas" en
el arte español producido entre 1927 y el final
de la guerra civil, rastreando simbólicamente
incluso algunos vestigios epigonales producidos ya
en la postguerra.
Para ello se han reunido más un centenar de
obras de Alberto, Mariano Andreu, Arissa, Caballero,
Castellón, Ciria, Clavé, Federico Comps,
Cristòfol, Óscar Domínguez, Luis
Fernández, Esteban Francés, Galvache,
García Lamolla, García Lorca, Emili
Godes, González Bernal, González de
la Serna, Juan Ismael, Lasso, Lekuona, Dora Maar,
Maruja Mallo, Marinel.lo, Josep Masana, Massanet,
Margaret Michaelis, Moreno Villa, Ortiz Echagüe,
Palencia, Pla Janini, Planells, Miguel Prieto, Quirós,
Renau, Rodríguez Luna, Sandalinas, Jaume Sans,
Pablo Sebastián, Ucelay y Viola.
El discurso visual está dividido en ocho
capítulos:
Huellas Compartidas reúne la obra plástica
que Federico García Lorca realizó compartiendo
con Dalí las claves de recepción del
surrealismo.
En intrincado diálogo con el Dalí de
las rocas, las conchas o los guijarros, Huellas
en la tierra agrupa aquellas experiencias que
enraizaron el surrealismo en una pulsión hacia
lo telúrico. O bien lo compartieron con una
experiencia de la naturaleza que buscaba la identidad
moderna y a la vez diferencial de nuestra cultura.
En Huellas en un Espejo encontramos las experiencias
plásticas que procuraron seguir más
al pie de la letra la enseñanza daliniana.
Huellas en el Aire, reuniendo tendencias de
lenguaje visual muy diversas, encuentra su argumento
en la ocupación tridimensional del espacio.
Es, por ello, el capítulo dedicado a la escultura.
A través de un abanico muy amplio de posibilidades
formales aglutinadas por su naturaleza biomórfica,
Huellas en lo Blando ilustra la incidencia de uno
de los rasgos formales más característico
del lenguaje daliniano.
Huellas en línea tiene por argumento
el grafismo monocromo del dibujo.
Huellas Superpuestas muestra cómo, a
través de collage o del fotomontaje, nuestros
artistas también dialogaron con la poética
daliniana.
Finalmente, Huellas en la Luz reúne
aquellos trabajos fotográficos que en España
enlazaron con el territorio argumental y formal que
centra la presente exposición.
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Retrato
de Roma,1933.

Visión surreal, 1928-30.

La huella, 1929.
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