El Prado se llena de flores

 


Museo del Prado. Madrid. España
Hasta el 2 de Febrero 2003 

Ésta es la primera exposición dedicada específicamente a la pintura de flores y aspira a demostrar el desarrollo cronológico del género e ilustrar su riqueza y variedad. 

Las flores aparecen en los primeros bodegones españoles hacia el año 1600 en los que los artistas respondían al doble reto de imitar la naturaleza y de emular los logros de los pintores antiguos, cuyas obras, aunque desaparecidas, quedaban descritas en los textos latinos. 
El influjo de nuevas especies de plantas, procedentes de las colonias españolas en América, dio lugar al creciente impulso de los estudios botánicos en el siglo XVI y estimuló la curiosidad por la gran variedad de especies florales.

Las flores representadas en los primeros bodegones, como los de Juan Sánchez Cotán (1560-1627) y Blas de Ledesma (documentado 1602-14) son intensamente descriptivas, pero su valor simbólico, como emblemas de belleza destinada inevitablemente a marchitarse, queda tácitamente reconocido.

Las flores de Francisco de Zurbarán (1598-1664) son portadoras de un simbolismo religioso latente, como en Taza de agua y una rosa sobre bandeja de plata de hacia 1630 que podría interpretarse como una alusión a la Virgen María, mientras que las de su contemporáneo madrileño, Juan Fernández 'El Labrador' (documentado en la década de 1630), reflejan el interés del pintor en los colores y texturas. 

Las propiedades decorativas de los cuadros de flores los hacía idóneos para la ornamentación de interiores, especialmente como sobrepuertas, y es probable que los espléndidos ramos que aparecen en las obras del pintor madrileño Juan van der Hamen (1596-1631) fueran percibidos casi como sustitutos de auténticos ramilletes de flores. La Ofrenda a Flora de este pintor (Museo Nacional del Prado, 1627) muestra una gran variedad de especies florales de rico colorido y, en algunos casos muy costosas, reflejando la influencia recibida de la tradición flamenca de pintura de flores. En Valencia, región famosa por sus jardines y por su producción de flores y frutas, la pintura floral era asiduamente practicada por varios artistas, entre los que se encontraba Tomás Hiepes (h. 1610-1674). 

Hasta mediados del siglo XVII no asistimos a la aparición de especialistas en pintura de flores. Antonio Ponce (1608-1677) y Juan de Arellano (1614-1676) reflejan las dos tendencias principales: las obras de Ponce tienen su origen en la refinada manera cortesana de van der Hamen, mientras que los floreros de Arellano denotan un estilo más flamígero, bajo la influencia de los ejemplos flamencos y romanos. 

Para rematar esta exposición se muestran un grupo de Cestas de flores de Arellano que demuestran lo espectacular que puede resultar el efecto acumulado de dichas obras, que frecuentemente se pintaban por parejas o por series.



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Juan de Zurbarán.
Peras en un cuenco de porcelana





Antonio Ponce.
Bodegón con alcachofas y jarrón de Talavera con flores

 


Juan Van der Hamen.
Ofrenda a Flora 



Francisco de Zurbarán.
Taza de agua y una rosa sobre bandeja de plata


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